Una Historia de Esperanza de El Salvador

Llamado a la familia, la comunidad y la participación

La doctrina social católica nos guía en nuestras vidas y trabajos. En este principio, Llamado a la familia, la comunidad y la participación , recordamos que el ser humano es ser social por naturaleza-nos necesitamos mutuamente. Nosotros, al igual que los primeros discípulos, estamos llamados a unirnos y crecer como comunidad, ya sea que esa comunidad esté en nuestra aula, lugar de trabajo o en la familia.

Nuevas técnicas y la tecnología están cambiando la forma de cultivar la tierra para ayudar a restaurar el medio ambiente y renovando los sueños de jóvenes como Edwin Carlos.

El que sabe tiene la obligación de actuar.
– Edwin Carlos 

Algunos jóvenes de Ahuachapán, en el este de El Salvador, piensan que ser agricultores es algo del pasado. Sus familias lo han sido por generaciones pero el cambio climático y la erosión del suelo han hecho que las cosechas, y por lo tanto sus ingresos, se reduzcan considerablemente.

Edwin Carlos, un joven de 17 años, deseoso de apoyar a sus padres y dos hermanitos, no pensaba ser agricultor. Sin embargo, cuando una maestra le contó cómo las nuevas técnicas y la tecnología estaban cambiando la forma de cultivar la tierra para ayudar a restaurar el medio ambiente, cambió de opinión. Ahora Edwin Carlos, junto a otros 220 estudiantes, está aprendiendo la importancia de mantener distancia al arar y que quemar rastrojo daña la tierra y el aire.

Lamentablemente, El Salvador ha perdido el 75% de sus tierras fértiles por la tala de árboles y prácticas agrícolas perjudiciales como el uso excesivo de fertilizantes, convirtiéndolo en uno de los países con mayor inseguridad alimentaria en el hemisferio. “El que sabe tiene la obligación de actuar”, dice Edwin Carlos, quien ahora sabe cómo usar el agua para que no se desperdicie, el abono orgánico y otros recursos para proporcionar nutrientes al suelo para producir más y mejores cosechas.

Gracias al programa de CRS Raíces Ahuachapán, Edwin Carlos también ha aprendido a cultivar verduras en casa, conocimiento que fue extremadamente importante durante la pandemia del COVID-19. En los días del confinamiento, cerca de 1.200 familias comenzaron sus huertos caseros de verduras como cebollas, tomates, pepinos y calabaza. Pueden comer lo que cosechan o vender los productos en su iglesia o en el mercado local para obtener ingresos adicionales.

El Papa Francisco nos recuerda que “los jóvenes reclaman un cambio. Ellos se preguntan cómo es posible que se pretenda construir un futuro mejor sin pensar en la crisis del ambiente.” Gracias a programas como Raíces Ahuachapán, los jóvenes están convirtiéndose en agentes activos de ese cambio

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¿Por qué es tan importante el cuidado de la creación y cuál es el impacto, tanto a nivel local como global, cuando no nos preocupamos por ella?

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