Antes de que salga el sol en Intibucá, Honduras, Willian Cabrera y Digna Méndez ya se preparan para comenzar el día. Mientras ellos se preparan para ir a su cultivo de fresas, su hija de cuatro años, Vivian, toma su leche antes de acompañarlos.
Así comienzan muchos de sus días. Pero no siempre fue así. Durante los primeros años de su matrimonio sembraron tomate, lechuga y cebolla con la esperanza de construir un mejor futuro para su familia. Pero no fue fácil. A veces los compradores no querían sus cosechas y otras tenían que venderlas a precios muy bajos. Apenas lograban salir adelante.
Aun así, nunca dejaron de buscar nuevas oportunidades.
Entonces comenzaron a cultivar fresas. También participaron en capacitaciones en su comunidad, donde aprendieron nuevas formas de administrar su pequeño negocio. Aprendieron a organizar su tiempo, llevar un registro de sus gastos y ahorrar para el futuro.
“Después de las capacitaciones aprendimos que debemos llevar todo en orden: lo que gastamos, lo que invertimos y lo que ganamos”, dice Digna.
También aprendieron a elaborar vino con las fresas que no podían vender frescas, aprovechando mejor su cosecha. Poco a poco, el esfuerzo comenzó a dar resultados.
“Lo que tanto queríamos era tener la casa, y lo logramos en un año que se sembró fresa”, recuerda Digna.
Alcanzar esa meta les dio esperanza para seguir construyendo el futuro que soñaban para su familia.
Pero cuando Willian y Digna hablan de sus sueños, piensan en mucho más que una casa. Willian soñó con estudiar en la universidad, pero nunca tuvo la oportunidad.
Ahora espera que Vivian sí pueda hacerlo algún día. Mientras siguen fortaleciendo su negocio, continúan construyendo oportunidades para su hija.
“Algo que yo nunca he tenido, que ella sí lo tenga.”
Gracias a su esfuerzo y al apoyo de su comunidad, Willian y Digna están creando nuevas oportunidades para su familia. Están construyendo esperanza para el futuro de Vivian.
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