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Viacrucis
Qué es el Viacrucis y cómo rezarlo
El viernes es el día de la semana que más se asocia con la penitencia puesto que es un viernes cuando conmemoramos la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo. Por esta razón, es tradición que ese día las comunidades recen las 14 estaciones de la cruz para acompañar a nuestro Señor durante su camino al Calvario para ser crucificado.
Esta devoción, llamada Viacrucis, puede realizarse tanto en un lugar abierto, como dentro de una iglesia o en un hogar. Este momento de oración profunda normalmente va acompañado de cantos populares de carácter penitencial, que se entonan entre una estación y otra. Estos cantos ayudan a los participantes a meditar y buscar el arrepentimiento de sus pecados. La práctica piadosa del Viacrucis nos ayuda a meditar en el sufrimiento de Cristo por nosotros, mientras recordamos el sufrimiento diario de nuestros hermanos alrededor del mundo.
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Oración para iniciar el Viacrucis
Padre Santo,
Acompáñanos mientras meditamos sobre el camino de tu Hijo al Calvario.
Ayúdanos a recordar que todavía, en la actualidad, muchos de tus hijos siguen caminando hacia el Calvario, llevando cruces pesadas y difíciles.
Que seamos como Simón para aquellos cuyas cargas son demasiado pesadas para llevarlas solos.
Que seamos como Verónica para aquellos que necesitan el toque de amor y consuelo.
Y que nosotros, luchando con nuestras propias cruces, siempre recordemos tus promesas de justicia, misericordia y paz.
Amén.
Primera Estación: Jesús es condenado a muerte
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
Cuando el gobernador volvió a preguntarles: ‘¿A cuál de los dos quieren que les suelte?’, ellos contestaron: ‘¡A Barrabás!’… [A Jesús] crucifícalo!’” —Mateo 27,21–22
Photo by Hugh Kinsella Cunningham for CRS
¿Cuántos de nuestros hermanos alrededor del mundo están condenados a vivir en la pobreza, el hambre y la miseria? En el este de la República Democrática del Congo, más de 4 millones de personas desplazadas enfrentan una grave crisis de inseguridad alimentaria. Christine, madre de ocho hijos, huyó con su familia cuando las bombas amenazaron su hogar, dejando todo atrás. Antes del conflicto, comían bien; ahora dependen del agua de lluvia y de donaciones, que son escasas.
Al reflexionar sobre la historia de Christine y su familia, ¿permaneces en silencio entre la multitud, o alzas la voz? Y si alzas la voz, ¿qué dices?
Cristo Jesús, fuiste condenado por aquellos a quienes viniste a servir, por aquellos a
quienes viniste a amar. Cuando me sienta tentado a condenar a los que me rodean, llena mi corazón de misericordia y compasión.
Padre Nuestro... Dios te salve María... Gloria al Padre...
Segunda Estación: Jesús carga con la cruz
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
Jesús, cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota”. —Juan 19,17
Photo by Grace Yakubu/CRS
Al recordar a nuestros hermanos que viven en la pobreza, quizás nos sorprenda lo que encontremos. Si de verdad buscamos el rostro de Cristo entre ellos, descubriremos algo nuevo sobre nosotros mismos, sobre lo que significa tener algo o no tener nada, y sobre lo que implica cargar con nuestras cruces y seguir las huellas de Cristo.
Cuando un grupo armado atacó la casa de Shafa’tu en Nigeria, ella fue una de las 18.000 personas obligadas a huir de su comunidad agrícola. Estuvieron al borde del hambre hasta que recibieron ayuda alimentaria de CRS. “Este apoyo alimentario ha venido a secar nuestras lágrimas”, cuenta Shafa’tu.
Piensa en Shafa’tu, en las madres y los niños que cargan con las cruces del hambre, el conflicto y la pobreza. ¿Cómo podemos ayudarlos a llevar sus cargas?
Cristo Jesús, nuestras cruces son pesadas y nuestros cuerpos débiles, pero queremos seguirte. Danos la fuerza para continuar. Y a pesar de que nuestras cargas sean difíciles de llevar, permítenos recordar que debemos detenernos y ayudar a quienes encontramos en el camino.
Padre Nuestro... Dios te salve María... Gloria al Padre...
Ayuda a otros a cargar con su cruz
Tu donativo puede aliviar el peso de quienes más sufren.
Tercera Estación: Jesús cae por primera vez
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
Ahora mi alma está turbada. Y ¿qué voy a decir: ‘Padre, líbrame de esta hora’? Pero ¡si he llegado a esta hora para esto! Padre, glorifica tu Nombre”. —Juan 12,27–28
Photo by Layouza Chabi Yerima/CRS
Las caídas pueden presentarse de muchas formas: tormentas que destruyen hogares, violencia que desestabiliza comunidades… Sabemos lo que es caer, tanto en nuestras vidas personales como en nuestras comunidades. Pero también sabemos que Dios nos invita a levantarnos, juntos.
En Korobororou, Benín, los agricultores enfrentan dificultades para acceder a los recursos naturales, lo que genera conflictos con los pastores, quienes los gestionan de forma independiente. Antoine, un agricultor, sufrió la devastación de su campo de yuca y tuvo que usar todos sus ahorros para alimentar a su familia. Al participar en un proyecto de paz con CRS, Antoine y otros agricultores y pastores aprendieron nuevas formas de resolver conflictos y sanar el trauma.
Aunque Jesús cayó, se levantó y siguió caminando. ¿Qué podemos aprender de Antoine, que también se levantó y siguió adelante por un camino de confianza mutua? ¿Cómo podemos ayudar a otros a hacer lo mismo?
Cristo Jesús, tú sabes que todos caemos, fallamos y cedemos ante la tentación. Ayúdanos a recordar que, con tu gracia, podemos levantarnos con más fortaleza y sabiduría.
Padre Nuestro... Dios te salve María... Gloria al Padre...
Cuarta Estación: Jesús se encuentra con su Madre
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
Simeón los bendijo y le dijo a María: ‘[...] A ti misma una espada te atravesará el alma, a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones’”. —Lucas 2,34–35
Photo by Oscar Leiva/Silverlight for CRS
¿Qué habrá pensado María al ver a su hijo sufrir? ¿Qué dolor habrá inundado su corazón? Aun así, sabeos que nunca se apartó de Cristo. Lo acompañó hasta el final… y más allá. Estuvo con los discípulos cuando tenían miedo, los consoló y los animó mientras nacía la Iglesia. El amor de María por Dios fue más grande que todo el dolor que vivió.
Jacinta, una madre guatemalteca con cuatro hijos, también ha vivido momentos duros. Ella es quien mantiene a su familia. Teje ropa tradicional para vender en el mercado, pero muchas veces no le alcanza para alimentar bien a sus hijas. A pesar de todo, Jacinta trabaja incansablemente para asegurar que sus hijas tengan una vida digna y sana. Al mirar a María y a Jacinta, vemos ejemplos de amor, de fe vivida en medio del sufrimiento. Ellas nos muestran cómo se camina con Cristo, incluso cuando la cruz es pesada.
¿Cómo respondemos al dolor y necesidades de nuestros familiares y amigos, y de los demás miembros de nuestra gran familia humana?
Cristo Jesús, en Nuestra Santísima Madre tenemos un ejemplo de valentía, perseverancia y fe. No siendo ajena al sufrimiento, María deseaba estar con los necesitados. Fortalécenos para que podamos seguir su ejemplo.
Padre Nuestro... Dios te salve María... Gloria al Padre...
Reza los Siete Dolores de la Virgen María
Una devoción mariana para meditar la vida y la Pasión de Cristo
Quinta Estación: Jesús es ayudado por el cirineo
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
En ese momento, un tal Simón de Cirene…volvía del campo; los soldados le obligaron a que llevara la cruz de Jesús”. —Marcos 15,21
Photo by Benny Manser/CRS
También Jesús, con humildad, aceptó ser ayudado. Como seres sociales, los humanos necesitamos de los demás para crecer y salir adelante. Apoyándonos unos a otros y estando abiertos a recibir ayuda, vamos construyendo un mundo mejor.
En Laos, muchos niños van a la escuela sin haber comido bien, lo que afecta su salud y su capacidad para aprender. Kan, un director escolar, decidió hacer algo al respecto. Inició una granja de pollos para ofrecer huevos frescos y recaudar fondos para cubrir las necesidades de la escuela y de los estudiantes. Trabajando con la comunidad local y entidades gubernamentales, logró que más de 30.000 estudiantes recibieran comidas escolares nutritivas.
Todos tenemos necesidades y, a menudo, las personas a quienes ayudamos también terminan ayudándonos a nosotros. No dejemos nunca que el orgullo nos impida aceptar la ayuda de los demás.
¿Qué podemos aprender de Kan? ¿Cómo puedes tú poner al servicio de los demás tus dones, tus conocimientos y tu tiempo para que otros también puedan salir adelante?
Cristo Jesús, tú eres Dios. Qué asombroso es pensar que el Creador del universo aceptó la ayuda de un simple ser humano como yo, y que aún hoy deseas mi colaboración en la construcción de tu Reino. Enséñame a ser humilde para poder servirte dignamente.
Padre Nuestro... Dios te salve María... Gloria al Padre...
Sexta Estación: Verónica enjuga el rostro de Jesús
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
Jesús le dijo: ‘Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz’”. —Lucas 8,48
Es fácil quedarse con la imagen exterior de esta estación: las estatuas, los vitrales, el momento conmovedor. Pero lo que hizo Verónica fue mucho más que un simple gesto. Ella se adentró en el corazón del sufrimiento, rompiendo con las normas culturales de ese entonces. Aunque sabía que un simple paño no curaría las heridas de Jesús ni cambiaría su destino, le tocó el rostro. Esto nos enseña la importancia de estar presentes para los demás, reconociendo su dignidad y humanidad, especialmente en medio de la pobreza y el sufrimiento global.
También hoy, la comunidad católica en los Estados Unidos ha elegido estar presente a través de Catholic Relief Services, acompañando a nuestros hermanos en lugares como Ghana, Guatemala y Timor Oriental. ¿Qué significa acompañar a una comunidad a lo largo del tiempo, manteniéndonos fieles en nuestro compromiso de apoyar a quienes sufren, incluso cuando la esperanza parece casi perdida? ¿No fue eso lo que hizo Verónica por Jesús? ¿No es eso lo que Jesús nos pide a nosotros hoy?
Cristo Jesús, ayúdanos a recordar que nada de lo que hacemos por amor es en vano. Permítenos, como Verónica, tener la fuerza para acercarnos a los marginados y descartados por la sociedad, y mostrarles tu amor.
Padre Nuestro... Dios te salve María... Gloria al Padre...
Historias de Esperanza
Descubre el mundo con nuevos ojos
Esta semana, comienza tu camino cuaresmal con el Plato de Arroz de CRS y descubre cómo la oración, el ayuno y la limosna nos ayudan a reconocer a Cristo en nuestra familia global.
Una Historia de Esperanza desde Etiopía
El acceso a agua limpia cerca de casa está ayudando a la familia de Fatuma, en Etiopía, a cultivar sus propios alimentos, ahorrar tiempo y soñar con un futuro mejor.
Una Historia de Esperanza desde Honduras
En Honduras, una familia está transformando el trabajo arduo, los nuevos conocimientos y las fresas en un futuro mejor para su hija.
Una Historia de Esperanza desde Líbano
A través de la fe, la familia y la cosecha de aceitunas, la historia de Zeina muestra cómo una comunidad en el Líbano mantiene viva la esperanza en medio de las dificultades.
El viaje de una ofrenda en el Plato de Arroz de CRS
Incluso la donación más pequeña al Plato de Arroz de CRS puede convertirse en una poderosa muestra del amor de Dios y ayudar a familias de todo el mundo a construir un futuro mejor.
01/05
Séptima Estación: Jesús cae por segunda vez
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra”. —Juan 8,7
Photo by Oscar Leiva/Silverlight for CRS
¿Con qué frecuencia vemos a alguien caer y olvidamos que nosotros también podemos tropezar y terminar con el rostro en el suelo? Cuando acompañamos a personas que pasan una necesidad es importante recordar nuestra propia vulnerabilidad. Eso nos ayuda a reconocer que no hay un “nosotros” y un “ellos”, sino una sola familia humana, la familia de Dios. Todos podemos caer. Pero juntos, con la gracia de Dios, también podemos levantarnos.
En México, Alfredo perdió casi todas sus cosechas de maíz y cebada debido a las sequías que han afectado gravemente a su comunidad. Muchos de sus vecinos emigraron en busca de alimento y trabajo, y ya no volvieron. A pesar de las dificultades, Alfredo decidió quedarse. “Sigo trabajando y me esfuerzo cada vez para seguir cultivando, para seguir innovando también, porque con los cambios climáticos, necesitamos innovar”, cuenta .
Al reflexionar sobre esta historia, pensemos también en las familias que han caído en la pobreza o en situaciones casi imposibles. ¿Cuál es nuestra responsabilidad para con ellas? ¿Cómo mantenemos nuestro compromiso de ayudar a quienes han caído, para que puedan levantarse con dignidad y continuar su camino?
Cristo Jesús, vienes a mi encuentro y, en lugar de lanzarme una piedra, extiendes tu mano para ayudarme. Ayúdame a hacer lo mismo con los que me rodean. Enséñame lo que significa amar a mi prójimo como a mí mismo.
Padre Nuestro... Dios te salve María... Gloria al Padre...
Octava Estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: ‘¡Hijas de Jerusalén! No lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos’”. —Lucas 23,28
Photo by Thor Morales/CRS
A lo largo de los Evangelios, vemos a Jesús profundamente involucrado con las preocupaciones de las personas. Se acerca a ellas, se relaciona, busca comprender lo que piensan y sienten. Incluso en el camino hacia su muerte, se detiene para consolar a este grupo de mujeres. Las escucha. Les habla con compasión, en medio de su propio sufrimiento. Este gesto nos recuerda que también nosotros estamos llamados a actuar de la misma manera, con un corazón abierto, con ganas de escuchar atentamente la vida de los demás.
La Doctrina Social de la Iglesia nos llama a vivir el principio de subsidiariedad, lo que significa trabajar con las personas y comunidades más cercanas al problema. Es fácil ofrecer soluciones desde lejos; lo más difícil es sentarse a dialogar, escuchar y construir juntos el bien común para todos.
Cristo Jesús, tú siempre invitas, nunca impones; buscas involucrar a las personas de manera significativa, sin presionar ni manipular. Guíanos para que podamos realmente servir a los pobres atendiendo a sus necesidades y no solo las nuestras.
Padre Nuestro... Dios te salve María... Gloria al Padre...
Novena Estación: Jesús cae por tercera vez
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
Pero el padre dijo a sus servidores: ‘¡Rápido! Traigan el mejor vestido y pónganselo. Colóquenle un anillo en el dedo y traigan calzado para sus pies’”. —Lucas 15,22
A veces sentimos que hemos caído tantas veces que Dios ya debe estar cansado de nosotros. Pero no es así. Dios nunca se cansa de perdonarnos, de mostrarnos su misericordia una y otra vez, como pun padre amoroso con sus hijos. Lo que nos corresponde a nosotros es aceptar ese perdón y comprometernos con la justicia, la misericordia y la paz. Esa es la forma en que ayudamos a construir el Reino de Dios aquí y ahora.
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Pensemos por un momento en tu labor como persona que apoya a CRS. Reconoces el sufrimiento de nuestros hermanos alrededor del mundo. Y aunque también enfrentas tus propios retos, eliges dar tu tiempo y tus talentos para ayudar a quienes más lo necesitan. Ese compromiso tuyo es un testimonio valioso. Nos recuerda lo importante que es luchar por la justicia y ayudar a que otros puedan levantarse y seguir adelante con esperanza.
Cristo Jesús, podemos tropezar y caer, pero ayúdanos a recordar que lo más importante es levantarnos y volver a empezar.
Padre Nuestro... Dios te salve María... Gloria al Padre...
Décima Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
Toda la creación espera ansiosamente… La creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios”. —Romanos 8, 19;21
Photo by Carlos Barrio/CRS
Dios nos llama a ser buenos administradores de la creación. Sin embargo, a menudo actuamos de manera irresponsable, despojándola de sus recursos, su belleza y su salud. Al hacerlo, perjudicamos especialmente a los más pobres y vulnerables, privándolos de cosas esenciales para la vida, como comida, agua y aire limpio. Dios está presente en la creación. Cristo está presente en los pobres. Entonces, ¿cómo deberíamos responder?
El Papa Francisco lo expresó con claridad en su encíclica Laudato Si’: “No podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”.
El medio ambiente y las personas estamos interconectados; la creación de Dios es una sola. Dios nos llama a ser buenos administradores de los recursos que se nos han confiado, a cuidarnos unos a otros, compartiendo y colaborando, en lugar de acaparar lo que podamos ahora y dejar para después la preocupación por los demás.
Cristo Jesús, toda vida proviene de ti. Creaste un mundo lleno de recursos maravillosos y paisajes hermosos. Enséñanos a valorar tu creación y a ser buenos administradores de tus dones para el bien común.
Padre Nuestro... Dios te salve María... Gloria al Padre...
Decimoprimera Estación: Jesús es clavado en la cruz
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
“Jesús le dijo: ‘Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso’”. —Lucas 23,43
Photo by Laura Elizabeth Pohl/CRS
Las cruces vienen en muchas formas: preocupaciones económicas, problemas familiares, hambre. falta de techo, inseguridad. Las cruces son parte de la vida humana, y Jesús lo sabe bien. Así como no se rindió con el ladrón crucificado a su lado, tampoco se rinde con nosotros. Si Dios nos ofrece segundas, terceras, centésimas oportunidades, ¿somos igual de compasivos con los demás? ¿Estamos ayudando a nuestro prójimo a bajar de sus cruces?
En un momento de silencio, piensa en las historias de nuestros hermanos en distintas partes del mundo. Pregúntate: ¿Qué puedo hacer yo para ayudar a otros a bajar de las cruces del hambre, la falta de techo o la enfermedad?
Cristo Jesús, siempre estás dispuesto a darnos otra oportunidad para mejorar y apoyar a quienes nos rodean. Ayúdanos a seguir tu ejemplo y a ayudar a los demás a bajar de las cruces que los oprimen, reflexionando con humildad sobre cómo hemos contribuido a su sufrimiento.
Padre Nuestro... Dios te salve María... Gloria al Padre...
Atiende el llamado de quienes más necesitan ayuda
Tu apoyo puede cambiar vidas alrededor del mundo
Decimosegunda Estación: Jesús muere en la cruz
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” —Mateo 27,46
Todos se arrodillan para un momento de silencio, y se levantan.
Photo by Laura Elizabeth Pohl/CRS
Vemos nuestro mundo desgarrado por la guerra, el hambre, la enfermedad y el odio, y nos desanimamos. Pero Dios transforma la muerte y el fracaso en vida y victoria. Esta es la esperanza de la Pascua, el mensaje del Evangelio. Vemos el sufrimiento, pero también vemos la alegría, el actuar silencioso de Dios. Y nos comprometemos a actuar.
¿Cómo inspira la esperanza pascual nuestro trabajo, especialmente cuando enfrentamos situaciones que parecen no tener salida o estar marcadas por el fracaso? ¿Cómo quiere Dios que veamos miremos problemas como la pobreza, los desastres naturales y el daño al medio ambiente: con estándares humanos o con una mirada llena de esperanza?
Cristo Jesús, incluso en los fracasos más devastadores, nos enseñas el valor de la esperanza. Danos el coraje de trabajar con paciencia y sin descanso por los necesitados, manteniendo siempre la mirada puesta en ti.
Padre Nuestro... Dios te salve María... Gloria al Padre...
Decimotercera Estación: Jesús es bajado de la cruz
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
Después tomó pan y, dando gracias, lo partió y se los dio diciendo: ‘Esto es mi cuerpo, que es entregado por ustedes; hagan esto en memoria mía’”. —Lucas, 22,19
Photo by Laura Elizabeth Pohl/CRS
El cuerpo quebrantado de Jesús nos recuerda que fue verdaderamente humano. Tenía un cuerpo como el nuestro: necesitaba comer, moverse, podía sentir dolor y ser herido. A través de su cuerpo, Jesús conoció el mundo tal como lo vivimos nosotros. Esta experiencia compartida nos habla de la dignidad que poseemos y nos llama a vivir la solidaridad con toda la familia humana.
Con su ejemplo, Jesús nos invita a ver las necesidades reales de las personas que tenemos cerca, de las que encontramos en la calle o entre la multitud de un centro comercial.
También recordamos la Eucaristía, ese momento en que, como Iglesia, compartimos el Cuerpo y la Sangre de Jesús. Es una experiencia de unidad con nuestros hermanos, sin importar dónde vivan. Allí nos encontramos con Dios, que se hizo hombre por nosotros. Al recibir la Eucaristía, tenemos la oportunidad de dejar de lado nuestras propias necesidades y dar prioridad a las de nuestro prójimo, como lo hizo Dios. De este modo nos vaciamos de lo que significa ser “yo” y comprendemos mejor lo que significa ser “otro”.
Cristo Jesús, te ofreces a nosotros en la Eucaristía y nos invitas a ofrecernos a ti y a tu familia universal. Enséñanos a anteponer las necesidades de los demás a las nuestras para amar mejor a nuestro prójimo.
Padre Nuestro... Dios te salve María... Gloria al Padre...
Decimocuarta Estación: Jesús es colocado en el sepulcro
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos,
Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
¿No tenía que ser así y que el Mesías padeciera para estar en su gloria?” —Lucas 24,26
Como cristianos, sabemos que, al final, Dios triunfa. Pero esa certeza no siempre alivia nuestras luchas diarias. Muchos de nosotros estamos viviendo nuestros propios “tres días”: un período oscuro que parece no tener fin, en el que sentimos que nuestros esfuerzos por la misericordia, la justicia y la paz son en vano. Sin embargo, nuestra fe nos asegura que Cristo vence, que la oscuridad termina y que las semillas que plantamos hoy darán fruto mañana.
¿Dónde puedes plantar hoy semillas que den fruto mañana? ¿Cómo te sostiene tu fe en Dios a atravesar tus propios momentos de oscuridad?
Cristo Jesús, al contemplar todo lo que todavía queda por hacer para construir un mundo justo y fraterno, recuérdanos que nuestro trabajo puede estar incompleto, pero es un comienzo. Te pedimos que nuestros corazones se abran a la gracia de Dios para que su obra continúe y llegue a plenitud.
Padre Nuestro... Dios te salve María... Gloria al Padre...
Oración para finalizar el Viacrucis
Cristo Jesús, hemos recorrido el camino de la cruz contigo. Hemos visto tu dolor y sufrimiento y hemos experimentado la esperanza y la alegría que puede traer un solo acto de amor. Sabemos que, aunque Shafa'tu, Antoine, Alfredo, Christine, Jacinta, Kan y sus familias viven en países lejanos, son parte de nuestra familia global. En todo el mundo, estás obrando, y nos llamas a trabajar contigo, junto a los más pobres y vulnerables. Al continuar nuestra jornada de Cuaresma, te pedimos que bendigas nuestros esfuerzos por amar y servir a los demás.
Amén.
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